sábado, 14 de marzo de 2009

9. Cuadrícula



Me siento responsable de este poema
en el que tu lengua enmudece y mi boca
besa la ventana desde la que observas el horizonte
al terminar una estrofa. Cada verso esconde
una mentira cuidadosamente indestructible.
En las palabras habitan dedos que se desintegran
al contacto con la vida. Soy invisible
al darte un papel en el que recorres
renglones rebosantes de ecos y presagios
siguiendo con tus ojos las huellas dactilares
con las que podrás volver al punto de partida.

Al caer la noche te ofrezco de nuevo
versos que ya no retroceden,
sílabas resbalando por cejas y pestañas
en las que crees hallar esa intimidad
que resplandece unos segundos y después se esfuma.
Dices que este poema nunca nos hará justicia.
Dices que el futuro late con el ritmo adecuado.
Dices que hay que pasar una esponja por cada metáfora
para saber lo que siento. Y dices finalmente
que te sobra amor como para que todo esto
habite en un poema y también en la boca de un púgil
que perdió sus labios por hablar demasiado.


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