viernes, 6 de marzo de 2009

8. Hasta la primavera



Hay palabras que se saborean mejor
cuando encuentran la boca adecuada.
En este banquete que esperamos durante meses
las lenguas se encrespan en la noche líquida
al morir el invierno.
En la cocina que fue de nuestros padres
la luz se transforma en almíbar,
el dulce fulgor de meriendas pasadas
viviendo aún dentro del frigorífico,
y también en el horno en el que una vez
devolvimos a la vida a un pájaro enfermo
durante unos minutos.
Nos quedamos dormidos
soñando con cosas triviales,
imágenes de un universo para siempre en orden:
petirrojos, tulipanes, hojas de árboles
cayendo en el patio. Nuestras sombras
como figuras dibujadas con tiza
en la escena del crimen.
Antes de que nos demos cuenta
la apilada leña del pasado
se vuelve más ligera. Es un abrazo húmedo
mientras masticamos su pelo,
una maraña musgosa
hasta que no quedan más que las migas
de la Primavera en nuestros labios,
un alimento que nos llena tanto
que ya no comeremos hasta el año que viene.


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