viernes, 5 de junio de 2009

17. La hipótesis del recuerdo



Eras exactamente como te recuerdo: durmiendo
un sueño poco profundo sobre una cama de hierro,
hambrienta de oxígeno tras una pelea a muerte,
con la boca torcida y los ojos flotando en el aire,
arrancándote la piel para poder verte por dentro.

La inspiración para hacer versos buscaba entonces
cuellos balanceándose en una hilera de alambradas,
buscaba una voz humana dentro de la lengua,
el testimonio del sexo en el crujido de otro sexo:
escribir era exhumar el cadáver de un enterrado vivo.

En aquel submundo no cabían espacios interiores
ni párpados iluminados por un sol a retazos;
tampoco los labios contraídos del que siente
la sangre en movimiento en medio de un poema
o ve en el horizonte algo más que una metáfora.

La hipótesis del recuerdo es el cielo de Madrid
en 1997 o la luna de Londres diez años antes,
monstruos marinos en las lagunas de la memoria,
misteriosas especies que parecen venir de otro universo
y de otro tiempo en el que ya no existimos

salvo en un papel del grosor de cien mil olas
agitándose en el libro que jamás podré escribir.

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